Las universidades enfrentan presiones financieras, disputas políticas y un contexto global adverso que pone en riesgo su papel como garantes de democracia y movilidad social.

El inicio de 2026 plantea un escenario complejo para la educación superior en Colombia y en buena parte del mundo. Las Instituciones de Educación Superior (IES) cargan hoy con más responsabilidades que nunca: formar talento crítico, impulsar la innovación, promover cohesión social y aportar al desarrollo democrático. Sin embargo, operan en condiciones cada vez más frágiles.

La paradoja es evidente: mientras crecen las expectativas sobre su impacto social, disminuyen las garantías para su sostenibilidad y autonomía.


Financiamiento universitario: una tensión estructural que persiste en Colombia

Uno de los principales desafíos para la educación superior pública en Colombia sigue siendo el modelo de financiamiento. Los recursos asignados no aumentan al ritmo de las demandas académicas, la inflación ni los costos reales de operación.

Según cifras oficiales del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), la inflación cerró en 5,10 %, lo que impacta directamente la denominada «canasta educativa»: infraestructura, conectividad, investigación, bienestar estudiantil y contratación de talento humano.
Más información: https://www.dane.gov.co

En este contexto, promover políticas de gratuidad sin una discusión paralela sobre sostenibilidad financiera genera un riesgo estructural. Sin un modelo responsable de financiación, la calidad educativa termina comprometida.


Autonomía universitaria bajo presión en un año preelectoral

Más allá de lo económico, otro factor preocupa a rectores, docentes e investigadores: el debilitamiento progresivo de la autonomía universitaria. En medio del ambiente preelectoral, varias IES han sido arrastradas al debate político como escenarios de confrontación ideológica.

La autonomía universitaria, reconocida constitucionalmente en Colombia y respaldada por organismos como la UNESCO, es un pilar esencial para la libertad académica y la producción científica.
Referencia: https://www.unesco.org/es/education/higher-education

Cuando el poder político busca instrumentalizar a la universidad para legitimar discursos oficiales, se erosiona uno de los fundamentos más delicados de cualquier democracia: la pluralidad del pensamiento.


Un desafío global: menos cooperación y más fragmentación

La crisis de la educación superior no es un fenómeno aislado de Colombia. A nivel internacional, el sistema enfrenta el debilitamiento del multilateralismo, la creciente polarización política y el retorno de lógicas nacionalistas que afectan la cooperación científica.

La movilidad académica, la ciencia abierta y los proyectos internacionales de investigación se ven afectados por tensiones geopolíticas que privilegian la competencia sobre la colaboración. En este escenario, las universidades quedan como uno de los pocos espacios capaces de sostener el diálogo intercultural y la construcción de conocimiento como bien público global.


Menos jóvenes “ninis”, pero más precariedad oculta

Algunos indicadores sociales parecen mostrar avances. El porcentaje de jóvenes que no estudian ni trabajan ha disminuido, según reportes oficiales. Sin embargo, esta reducción no necesariamente refleja una mejora real en las condiciones de vida.

En muchos casos, los jóvenes ingresan a formas de empleo informal, inestable o sin proyección profesional. Otros abandonan sus estudios por falta de recursos o desmotivación. Celebrar las cifras sin analizar las trayectorias reales puede llevar a diagnósticos engañosos.


El diálogo como eje de una política pública sostenible

Frente a este panorama, emerge una conclusión transversal: el diálogo debe convertirse en un principio estructural y no en un discurso simbólico.

Se requiere:

  • Diálogo entre el Estado y las IES para construir modelos de financiamiento sostenibles.

  • Diálogo entre gobierno y comunidad académica para proteger la autonomía universitaria.

  • Diálogo entre universidad, empresa y sociedad para conectar formación con empleo y desarrollo.

  • Diálogo internacional para evitar que el conocimiento quede atrapado en disputas geopolíticas.


Educación superior: una decisión estratégica para el futuro democrático

Si 2026 aspira a ser algo más que un año de transición política, la educación superior debe ocupar un lugar prioritario en la agenda pública. No como herramienta de poder, sino como espacio de pensamiento crítico, formación ciudadana y construcción colectiva de futuro.

Sin diálogo no hay universidad.
Sin universidad, no hay sociedad democrática posible.